miércoles, 12 de noviembre de 2014

El módulo ‘Philae’ aterriza en la superficie de un cometa

Hoy, 12 de Noviembre de 2014 a las 17:03, exactamente a la hora prevista, la sonda Philae marcó un hito sin precedentes en la historia de la exploración del espacio: aterrizó en la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko después de viajar por el Sistema Solar a 510 millones de kilómetros de distancia de la Tierra. La sonda se había desprendido siete horas antes de la nave Rosetta, una misión de la Agencia Europea del Espacio (ESA) que está dando vueltas al cometa desde el pasado 6 de agosto, e inició la caída hasta el suelo, hasta un lugar bautizado Agilkia. Nunca hasta ahora se había intentado el descenso de un robot en uno de estos cuerpos celestes. La señal del aterrizaje llegó al centro de control de vuelos (ESOC) de la ESA en Alemania y a las dos salas de seguimiento de la Rosetta (en Toulouse, Francia) y de Philae(en Colonia, Alemania). En el centro científico de la agencia (ESAC), en Villanueva de la Cañada, junto a Madrid, más de 200 personas que abarrotaban la sala principal estallaron en un largo y eufórico aplauso, como hubo en Alemania, Francia y en decenas de instituciones de Europa y EE UU donde trabajan científicos e ingenieros implicados en la misión. Era una operación de alto riesgo que ha acabado con éxito, aunque con sobresaltos, porque poco después se supo que no se disparó uno de los sistemas de anclaje al suelo del cometa.
“Philae nos ha hablado, ha aterrizado... ¡Estamos en la superficie del cometa!”, anunció, desde Colonia, un emocionado Stephan Ulamec, jefe del equipo de la sonda de descenso, a los pocos minutos de recibir la primera señal. Solo una señal, pero el hecho de que la sonda fuera capaz de transmitirla, de decir “aquí estoy”, significaba que ha llegado al suelo en buenas condiciones.


El director general de la ESA, Jean-Jacques Dordain, no menos emocionado, no ahorró pasión. “Es un gran paso para la civilización humana”. Y con sentido del humor añadió, que “el problema del éxito es que parece fácil, pero no lo es”. “Hace falta mucho conocimiento, mucha dedicación para lograrlo”, dijo, destacando la labor realizada durante más de dos décadas por los expertos europeos en colaboración sus socios. Dordain añadió: “El Philae ha sobrevivido al aterrizaje y lo ha hecho en el sitio correcto. Tenemos energía a bordo para los instrumentos científicos, que ya han empezado a trabajar”.
No menos eufórico estaba Roberto Battiston, en ESOC, cuando declaró, recordando la famosa frase del aterrizaje en la Luna: “Un pequeño paso para un robot y un gran paso para la humanidad y para Europa”. Desde la Ciudad de las Ciencias de La Villette, en París, uno de los muchos lugares que transmitió el acontecimiento, siguió la operación el presidente François Hollande.

Desde las 16.30 la señal de aterrizaje podía recibirse en cualquier momento y en todos los centros de la ESA centenares de personas estaban pendientes de las pantallas. En realidad, el contacto con el suelo del cometa se produjo casi media hora antes de las 17.04, pero las radioseñales tardan 28 minutos en recorrer los 510 millones de kilómetros hasta la Tierra. Durante cinco de las siete horas de descenso del Philae se recibieron en la Tierra datos y fotografías enviadas por la sonda a través de la Rosetta. Una de las más celebradas fue la de la sonda, ya con las patas desplegadas, captada por la nave en la distancia.
En otra se veía la nave, con uno de sus grandes paneles solares, de 14 metros de longitud, fotografiada por el Philae nada más separarse. Era la denominada foto de despedida. El cometa, con los dos robots, viaja por el Sistema Solar en estos momentos a 65.000 kilómetros por hora. Para llegar allí, la Rosetta, con el Philaeenganchado, ha viajado una década, recorriendo 6.400 millones de kilómetros, desde que partió de la Tierra. “Es una misión muy ambiciosa: la primera que ha ido al encuentro de un cometa, la primera en acompañarlo hacia el Sol y la primera en aterrizar en él”, declaró Martin Kessler, jefe de operaciones científicas de la ESA, en ESAC.
Media hora después de la señal de aterrizaje, todavía en plena euforia, llegó la noticia preocupante: los arpones que lleva Philae para anclarse al suelo, uno de los sistemas de fijación, no se habían disparado. “Es difícil descender en un cometa y es difícil interpretar con los primeros datos cómo ha sido el aterrizaje”, comentó tres horas después de la llegada de la sonda Ulamec. “Además, a lo mejor no hemos aterrizado una vez, sino dos”, dijo en cierto tono de broma, y se explicó: “Hemos tenido fluctuaciones con las comunicaciones y con el suministro de energía. Nuestra interpretación es que, tal vez, el Philae ha rebotado al tener contacto con el suelo. Eso son dos aterrizajes”.

Pero Philae, además, ha tenido suerte. “En Agilkia hay rocas y desniveles, y eso que era el punto más fácil de los posibles. Necesitamos suerte para no caer en una pendiente o en una roca grande”, había explicado pocos minutos antes Miguel Pérez Ayúcar, ingeniero de operaciones de Rosetta en ESAC. La cosa se había complicado un poco desde primeras horas de la madrugada, cuando los encargados de control de Philae constataron que no se encendían los pequeños propulsores de la sonda que tenían que ayudar en el momento de contacto con el suelo. El resto de la maniobra fue saliendo como estaba previsto. El módulo se separó, rotó, desplegó las patas durante el descenso… A las dos horas se restableció el contacto con Rosetta y de esta con la Tierra.
Pero la misión no se limita a esta exitosa operación de aterrizaje. La nave continua alrededor del cometa, estudiándolo, y lo hará durante meses. “Tenemos más de un año por delante de ciencia acompañando al 67P/Churyumov-Gerasimenko”, explicó el astrofísico español Álvaro Giménez, director científico de la ESA. Y ahora, además, el Philae debe empezar a tomar datos científicos también desde el suelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario